En algún lugar del cielo, 7 de mayo de 2012

Estoy a pocos minutos de haber despegado de Quito, Ecuador. Había llovido en la tarde y aun había nubarrones sobre la ciudad. Al despegar, en cuestión de segundo estábamos sobre estas nubes, y pude ver uno de los paisajes más hermosos que he visto. Entre las nubes blanquecinas por la luz de la luna, se podía ver las luces de la ciudad; miles de pequeños foquitos multicolores. Pude distinguir la avenida donde vivo, pensé en mi esposa e hijos, en lo mucho que los amo y pareciera que las nubes obscuras no tenían que ver conmigo aquí arriba. Seguimos volando y sólo veo nubes blancas por la luz de la luna y una estrella que parece seguirnos.

Cuando considero mi vida espiritual es igual, muchas veces todo parece ir en contra hasta que despegas, todo parece ir mal hasta que estás sobre las nubes negras. Desde allí puedes ver todo más claro, y es hasta increíble el paisaje que ves. Los problemas a veces hacen que nuestra visión sea muy corta, sólo vemos lo que tenemos delante y no desde la perspectiva de Dios, desde donde Él está todo se ve mejor, se ve completo el panorama, hasta los puntos obscuros se ven como parte del todo de lo que está haciendo, porque esa es la realidad, los puntos negros en nuestra vida, los momentos obscuros son oportunidades de aprender cosas, de crecer, de conocer a Dios. Y por más que hayamos pasado por momentos difíciles podemos ver la mano de Dios y nos da gran confianza porque sabemos que Él está a nuestro lado.

A ratos vemos su luz iluminando eso que nos atemorizaba y vemos lo que pasa más abajo, lo que Él hace y decimos: “¡Wow! ¡Qué hermoso!”.

Este viaje es muy especial para mí. Hace unas semanas atrás supe que mi hermano tenía un problema en el riñón y debían extirparle uno de ellos, por un tumor. Pero al hacer la cirugía vieron que tenía metástasis, cáncer tomando otros órganos. Le dieron 6 meses de vida; al siguiente día de la cirugía tuvo más complicaciones y pocos días más otra vez tuvieron que ayudarlos por problemas intestinales. Todo parecía negativo y con un fin determinado y triste. Por medio de redes sociales y amigos, hicimos cadenas de oraciones y muchos, en varios países, estaban orando por él. Yo compré un pasaje aéreo para ir a verlo, me estaba endeudando para poder cubrir los gastos y sólo veía las nubes grises y cada vez más obscuras y densas sobre mí. Un día un amigo, me dijo: “te quiero ayudar”, y me ofrendó el dinero suficiente para cubrir todos los gastos de transporte del viaje; después otros hermanos me ofrendaron para otros gastos e inclusive para llevar algo a mi hermano para cubrir gastos médicos. Dios estaba obrando, Dios se estaba ocupando de cada detalle. Yo sólo debía confiar.

Un viernes en la noche, una sobrina me dijo: “los médicos hicieron una tomografía y análisis y no encontraron rastros de cáncer en el tio”… ¡Wow! No lo podíamos creer, llamé a varios amigos para confirmar el dato y a mis otros hermanos en Argentina, que me pudieran dar un diagnóstico oficial y verdaderamente esa era la respuesta médica: “no encontramos rastros de cáncer”.

Le hicieron una biopsia para corroborar estos resultados y días más tarde le dieron de alta, la biopsia dio un resultado favorable y hoy, Feliciano, está en su casa con su esposa e hija. Todo se ve hermoso desde aquí, hoy estoy volando con alegría de ir a ver a mi hermano, sanado por la mano de Dios. Las nubes negras ahora se ven hermosas por la luz que Dios le da. Quizás tú sabes a qué me refiero, porque fuiste parte de estas oraciones y cadenas de oración. Pude conocer más a Dios, pude ver su fidelidad en todo, su amor hacia mí proveyendo todo lo que necesitaba, hasta en los más mínimos detalles; te podría contar de cosas hermosas que me pasaron, como un par de zapatos deportivos que necesitaba y un día antes de viajar un amigo me los regaló, sí otra vez ¡Wow!, pero así es Dios.

Algo que nadie supo, excepto mi esposa Esther, es que en todas estás semanas, Dios se tomaba la molestia de pasar por mi cuarto y despertarme a las 5:30 cada día. Lo primero que hice cuando me desperté el primer día fue orar, porque sabía que Dios quería que haga eso. No era la ansiedad ni la preocupación, sabía perfectamente que el Señor quería que orará, no sólo por la salud de mi hermano, sino por la vida de mis sobrinos y familiares. Dilo, otra vez: “¡Wow!” y  no estoy exagerando; estoy exaltando la grandeza de Dios, porque si Él abrió un mar por su pueblo, ¡cuánto más hará por sus hijos!.

Dios es Fiel, no lo dudes, no te niegues a creer y orar, a pedirle que obre en tu favor, porque estas nubes negras sobre ti, son parte de lo que Él usará para que puedas apreciar mejor su gloria. Un diamante no tiene esplendor si no se lo contrasta con un paño negro. ¿Cómo conocerás el poder de Dios sino te ves en aprietos?.

Si tienes fe, ponlo en ejercicio, ejercítate en orar no dudando nada, sin hacer nada, para que Dios se haga cargo de todo. La fe que mueve montañas va acompañada de ampollas en las rodillas, de manos sudorosas por clamar y clamar al Dios Todopoderoso. Hoy toma más que nunca fuerza este versículo:

Isaías 48:17  Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.

¿Qué camino debo seguir?, bueno no sé el tuyo, pero Dios me enseñó el mío, debo hacer lo que Él quiere que yo haga, debo glorificar su nombre. Quizás tú debas confiar más, aprender a orar y depender, y no orar y preocuparte. En fin no sé cual camino debes seguir. Hoy estoy viajando viendo lo hermoso de este paisaje que Dios me permite ver y no me refiero al cielo cubierto de nubes debajo de mí, sino al que Dios estuvo pintando todos estos días, del cuál quizás tú seas parte, porque me acompañaste en las oraciones. Y te lo agradezco.