Dios me decepciona2

A veces, Dios me decepciona.

Sí, como lo leen: a veces, Dios me decepciona.

A veces tengo planes organizados y Dios los cambia. Eso me decepciona

A veces mis ideas son excelentes y quiero que sean escuchadas y convertidas en realidad, y Dios lo hace a su modo. Eso me frustra

A veces yo digo “es por aquí” y él dice “no, es por acá”. Eso me molesta

A veces pienso “ya no puedo más” y Dios dice “dale, aún falta camino por recorrer”. Eso me enoja.

A veces quiero elegir otro camino, y recuerdo que Jesús dijo “Yo soy el camino. Que Jesús tenga la razón me incomoda.

Como el año anterior que quería venir a Colombia, hice todo lo posible por ahorrar, por tener permiso en mi trabajo, tener contactos para dar charlas y talleres en este país y no fue posible. No tienen idea lo frustrante que fue, aunque pensándolo bien, me entienden perfectamente.

Todos sabemos lo molesto que es no poder cumplir nuestros sueños, metas, objetivos, anhelos.

Todos sabemos lo que es enojarse con Dios y decirle “¡porqué!”. Pero pocos sabemos lo que es escuchar a Dios decir después “Era por esta razón”.

Casi un año después llegué a Colombia a compartir charlas y talleres con jóvenes, y hoy estoy feliz y también molesto porque hubiese querido que Dios me diga hace un año “Jimmy, no irás ahora, pero exactamente en 11 meses estarás tomando varios vuelos para llegar a donde quieres ir hoy, y harás lo que esperabas y mucho más, sólo ten paciencia”.

Me cuesta entender que la fe es ver lo que no es como si fuera. Cómo quisiera que Dios me diga lo que va a pasar en el futuro, para no tener que preocuparme. Pero si fuera así, no sería fe.

A veces Dios frustra mi vida, pero es temporal. Ahora entiendo que es para darme una lección, para recordarme que él tiene el control.

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La Crítica

¿Qué tal si hoy nos atrevemos a ser  honestos?

A ninguno de nosotros nos gusta ser criticados, pero vaya que somos rápidos para criticar a os demás. Y es que la crítica es parte de nuestra vida y de nuestro comportamiento. Lo interesante es que a todos nos afecta y a nadie nos gusta; escuchar críticas de lo que hacemos o cómo somos siempre provoca sentimientos feos en nosotros; y criticar a los demás muestra un lado poco agradable de nuestro carácter, es algo así como decir: “yo lo haría mejor porque  yo sé más que tú”. Revelando nuestro deseo de superioridad y alimentando nuestro ego.

Un poco incómodo pero  bastante divertido.

La satisfacción de que nos produce criticar a otros está ligado con esa satisfacción de creernos mejor que los demás. Si quieres identificar el nivel de crítica en tu vida. Te invito a que te preguntes lo siguiente

¿Lo que realmente me desagrada es la persona o  la acción que está realizando ? Muchas veces nos equivocamos al no separar al individuo de la acción. La persona debe entender e identificar que tus sentimientos hacia ella no son afectados por sus acciones.

Lo que busco al criticar a otros es ¿Qué cambie su  acción negativa? Tal vez tú no lo veas así pero el que escucha la crítica por lo general lo toma personal, o sea, que hablas de él como individuo y no de su acción; por eso es importante dejar bien en claro que el desacuerdo es sobre la acción o actitud y no sobre la persona. Ejemplo: “no está bien que me digas mentiras”, es muy distinto a decir: “eres un mentiroso, no te creo nada.”

Recuerda preguntarte constantemente ¿qué es lo que puedes hacer tú para mejor la próxima vez? Dejar que su propia respuesta de una opción de cambio o mejora de lo que está haciendo puede ayudar a minimizar la idea de crítica.

¿Eres irónico o sarcástico al expresar tu opinión? A veces parece un chiste o tratamos de decirlo de modo gracioso pero en realidad es hiriente, esto sólo produce alejamiento.

En fin, la crítica nos afecta, pero afecta aún más, a aquellos que no tenemos un concepto claro de nuestra identidad, a quienes necesitamos la aprobación de otros para continuar, pues casi siempre, dudamos de nuestras capacidades y habilidades.

Por eso recuerda tener mucha precaución con aquello que dices y a quien se lo dices, peor sobre todo, no olvides lo que La Biblia enseña, ninguno debe tener un concepto más alto de sí que el que debe tener y quizás podemos decir que tampoco menor de lo que realmente es. Este problema de cómo nos vemos no es correcto ya que Dios nos ha provisto de grandes virtudes que hace que seamos únicos y diferentes al resto. No te compares, no te dejes manipular por tus miedos, toma valor en Dios, Él te hizo alguien extraordinario.

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¿Buscas a alguien que te salve?

La euforia que se vive hoy por el cine y los comics es el reflejo del corazón y la necesidad del hombre. Ya no es cuestión de un grupo de intelectuales que saben de todo, como niños en cuerpos de grades, personas con complejo de Peter Pan que se niegan a crecer y coleccionan todo tipo de artículos relacionados con la ficción y series de televisión. La sociedad en sí está mostrando un gran vacío que tuvo por siglos, cada década lo ha tratado de llenar con tendencias como el materialismo, el hippismo, el tecnicismo; en fin miles de estilos de vidas y aficiones con tal de llegar a ser aceptados y satisfacer un gran vacío social.

La aparición de superhéroes nos muestra que desean que alguien pelee sus luchas y los defienda, necesitamos modelos a seguir, a quien admirar; mientras la familia se deteriora y las instituciones pierden autoridad, los escalafones y rangos desaparecen más y más en esta sociedad postmoderna se nota la tendencia humana de seguir a un líder, un superhumano que les muestre el camino y le dé esperanza; alguien que en realidad no pueden tocar, que sólo es parte de la ficción, que venga de otro planeta o que se transforme en ciertos momentos; que sus poderes reflejen sus deseos como: volar, doblar el tiempo y el espacio, tener fuerza sobre natural para romper todo en un arrebato de ira, correr tan rápido y no ser visto, leer la mente, etc. Uno de los más famosos escritores de comics y creador de la mayoría de los más sorprendentes personajes dijo: “Todos necesitamos a alguien que nos salve, que haga las cosas por nosotros”.

Es parte  inherente del ser humano, viene en nuestro ADN; somos frágiles y finitos pero deseamos algo más alto y sublime que nuestra propia naturaleza, un superhéroe. Cuando llego a este punto quizás pienses que voy a usar la trillada estrategia del sincretismo y hablarte de Jesús como el súper que viene a tu vida y bla, bla, bla… pues no.

Quiero llevarte a pensar en la realidad de tu vida, tu debilidad y fragilidad; nuestra irresistible necesidad de esperar en los demás, las ansias de que alguien venga y te salve. Por más que nos mostremos fuertes, independientes, seguros e inteligentes en el fondo seguimos siendo niños  que en ciertos momentos nos vemos apabullados por la cruda realidad y buscamos quien nos rescate. Algunos buscan en cosas más concretas como el trabajo, el sexo, el alcohol u otro tipo de estimulante que le haga salir de a ratos del mundo en el que vive; pero en definitiva revela la necesidad de su corazón, hay un vacío.

No podemos hacer la vista gorda y evadir a Dios, pues esta necesidad de la que tanto hablamos se puede llenar con su presencia. No es el comodín que viene y salva el juego ni la llanta de auxilio que te saca de apuros. Es Dios el verdadero SUPER de esta historia, pero como te dije no quiero enfocarme en Él como en una poción mágica, sino en tu necesidad de buscarlo. No puedes pasar por la vida deambulando inmerso en las revistas o en las salas de cine soñando con ser uno de esos personajes de ficción, identificándote con ellos.

Empieza a dar un paso para comenzar a tener una relación con la verdadera fuente de poder del universo, con el Creador, el Padre de todos, el que todo lo ve, todo lo puede y por sobre todo te conoce. El mismo Creador que te dice “separados de mí nada podéis hacer” 

¿Querías la respuesta a tu vacío? Allí está. No te lo voy a decir dedúcelo por ti mismo. Los libros de comics son fantásticos, no tanto por sus historias sino porque muestran la realidad del corazón humano, sus miedos, necesidades y sueños. Pero no te quedes en la ficción sino toma el desafío de vivir tu propia historia con Dios.

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