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La lucha más dura

Siempre se nos dijo que la vida es una lucha que debemos saber pelearla, pero que la debemos pelear solos. Sí, es verdad que en muchas de ellas están cerca nuestros amigos y familiares para ayudarnos y eso nos da el valor para continuar, pero hay ciertas peleas que nos toca hacerles frente de forma individual. Es más, si no fuera así no podríamos madurar y crecer.

Debemos aprender a luchar contra las diferencias sociales, educativas y económicas, contra la crítica y la oposición en cada proyecto que emprendemos, luchar en el área sentimental y emocional, hasta quizás con algún brabucón que nos persigue, pero… ¿esto es realmente una gran lucha?, no niego que la lucha es real al igual que el dolor que ella provoca, pero, ¿es determinante en nuestra vida?.

Creo que las peores luchas no son los de afuera que en definitiva sólo molestan, sino con uno mismo, con el desánimo, el pecado y la cobardía, el orgullo y la arrogancia; luchamos con la forma de vernos, tenemos un gran problema con la manera en que nos calificamos y por lo general es muy por debajo de lo que realmente somos. Porque puedes tomar la actitud de que no te importe lo que digan los demás pero es difícil luchar con uno mismo.

Este tipo de lucha nadie lo ve ni lo percibe, quizás en algunos casos se vuelve visible por el tipo de reacción y conducta que se toma; los jóvenes asociándose con algún tipo de tendencia de moda o tribu urbana, la música o los tatuajes; pero en la gran mayoría es un lucha que se lleva en el corazón, que se desata en los momentos de soledad, antes de dormir o cuando te estás duchando, cuando estás solo y tus pensamientos te avasallan, es ahí donde puedes ser realmente tú y te quiebras y lloras, y preguntas si siempre será así tu vida.

La pregunta es justamente esa: “¿Tiene que ser así mi vida?”, bueno la verdad no, pero hay que reconocer que es difícil luchar contra uno mismo. Pablo decía a Timoteo: 1Timoteo 4:16 “Ten cuidado de ti mismo…”. Cuando nos dejamos vencer por nuestros propios temores y deseos nos consumimos y casi nadie puede ayudarnos.

Digo casi nadie, porque sí hay Alguien que puede sacarnos de ese pozo de decadencia personal, pero no quiero hablar de Jesús como si fuera una parche para todos mis males; Dios puede sanar cualquier corazón y restaurar aún la vida más destruida, pero para que eso suceda tiene que haber un paso inicial de nuestra parte.

Cuando el pueblo de Israel entró en la Tierra Prometida tuvo que cruzar el Río Jordán, pero tuvo que mojarse los pies para que éste se abriera, cuando Eliseo quiso cruzar el mismo río tuvo que golpear con su túnica para que se abriera del mismo modo, no sé si captas la ida, siempre tiene que haber un paso de fe; el poder de Dios ya está a tu disposición pero es tu voluntad a confiar en Él la que se debe activar.

La mejor manera de ganar la lucha contra ti mismo, es rindiéndote al poder de Dios y el control de su Espíritu. Es quitar las manos de lo que estás haciendo y dejar que Él tome el control y lo lleve donde sea necesario. Debes comenzar por reconocer cuáles son tus pecados, tus debilidades, tus fallas y admitirlas, hacerte responsable de ellas y de sus consecuencias y que tu debilidad ahora sea tocada y transformada por el poder de Dios.

Seamos prácticos, haz una rápida evaluación de tus habilidades y fortalezas, no todo en ti es malo. Mira cuántas cosas buenas tienes, cómo te hizo Dios. Piensa en algo que te gusta hacer y ponle una fecha a tu calendario para realizarlo; invita a un amigo o amiga a que pueda ser parte de tus experiencias y recreaciones. Ahora toma esas cosas que sabes que te desaniman o te hacen llorar y de una forma consciente ponlas delante de Dios, sé que volverán lo pensamientos que te lastiman pero una y otra vez, no importa cuántas veces vengan a ti, nuevamente ponlas delante de Dios. Él sabe cómo tratar con ellas, pídele a Dios que quite de tu mente el recuerdo y dolor de esos momentos y frustraciones y que te de una nueva oportunidad de hacer algo diferente. Deja que Dios te moldee, que su Espíritu tome el control de tus sentimientos y emociones; acepta que hay cosas que perdiste, personas que ya no estarán o actividades que no las volverás a hacer, pero que hay una nueva forma de vivir con Dios. No dejes que tus malas experiencias determinen tu vida, sino que ellas sean las que te recuerden que no siempre se gana y que hay que aprender de los errores.

Por último, habla de esto con alguien; sí, comencé diciéndote que hay luchas que debes pelear solo, pero eso no quiere decir que no debas hablar con alguien para que te ayude a sanar las heridas y fortalecer el ánimo. No estás solo, Dios está cuidándote; no estás desamparado, Él puso personas como yo a tu lado para que te levantes; no estás destruido, su poder se perfecciona en tu debilidad. Está vida debes lucharla y tienes todo de tu lado para ganarla, sólo debes comenzar a poner en acción la voluntad de ver el poder de Dios sobre tu vida.

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LA ESPERA DESESPERA

Es increíble lo difícil que es para el ser humano tener que esperar algo, hace unos años atrás escuchábamos un sonido particular al momento de hacer la conexión a internet y nadie se daba cuenta que llevaba varios minutos, pero ahora, si se demora más de 3 segundos, exclamamos: “¡está lenta esta tontería!”. En la medida que avanza nuestra modernidad nos vamos haciendo menos pacientes, todo debe ser inmediato y esto lamentablemente contagia otros aspectos de la vida, y no me refiero a ver los segundos que se demora en llegar un email sino a las áreas emocionales y hasta espirituales.
Un gran dilema entre los jóvenes hoy en día es la ansiedad por tener un noviazgo, pareciera que esperar no es algo que merezca mi consideración. En el mundo de desenfreno la espera no es algo que podamos tenerlo en nuestra lista de forma de vida. Pero hay dos decisiones cruciales en la vida de una persona, y ambas tienen que ver con una relación: la primera es que va a pasar con tu futuro, rechazas creer en Jesús o depositas tu fe en Él  y lo aceptas como Salvador, esto determinará tu futuro eterno; la segunda es con quién te vas a casar. Y si bien nos preparamos para muchas cosas en la vida, para dar un examen, para un campeonato, para una presentación de música. A lo que menos le dedicamos tiempo es a pensar si es o no la persona correcta con la que me voy a casar.
Hay dos aspectos en cuanto a la espera sobre el noviazgo, los que se desesperan por tener una pareja ya, y no pueden esperar y se agarran lo primero que pasó; y los que esperan demasiado y les va dejando el tren. Los desesperados no miden la importancia de la decisión, piensan que no importa como es la otra persona el algún momento le va a cambiar, grave error, porque esto nunca sucede. Los pasivos se ponen tan pretenciosos e indecisos que aun teniendo a una gran persona frente a ellos no lo ven, porque piensan que quizá van a encontrar algo mejor en otro lugar y desaprovechan lo que Dios les está dando.
Un gran ejemplo es el mayordomo de Abraham, quien fue enviado para buscar una esposa para Isaac. Él espero, oró, miró, consideró, vio que se cumplió su pedido y recién allí habló con la muchacha y dio los regalos. Muchos no toman este proceso y se equivocan, comienzan por el final, dan regalos, coquetean y después oran esperando que Dios solucione sus problemas.
Gén 24:12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,
26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová, y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.
Este hombre oró y esperó, entonces pudo ver la misericordia de Dios y lo alabó. Algunos se quejan hoy de su situación, de su pareja o de su soledad, pero si no oras, no esperas, no podrás ver la misericordia de Dios.

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Dios también puede resucitarte

Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala”. Hechos 9;36-37

La historia de Dorcas empieza con su muerte y resaltando sus buenas obras, ciertamente cuando murió fue recordada por su testimonio, pero lo que más me impresiona de este pasaje no es lo virtuosa que fue, sino cómo Dios la resucitó y mostró su gloria aún a través de su muerte.

Desde pequeña empecé a relacionarme con Dios y anhelaba con todo mi corazón servirle, no desperdiciaba la oportunidad de involucrarme en alguna actividad donde podía ayudar a las personas. Durante mi adolescencia formaba parte de un grupo de jóvenes en donde servía Dios, sin embargo, al pasar de los años descubrí que no solamente yo, sino gran parte de las chicas de este grupo estábamos siendo abusadas sexualmente por su líder.

Dios en su infinita misericordia permitió que rompiera el silencio y puso en mi camino a personas que me apoyaron en mi restauración. Aprendí que Dios no desperdicia una herida y experimenté su gloria en y a través de mi vida y testimonio.

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12;9

Pero transcurrieron los años y aún existían muchas heridas sin sanar, pero en lugar de permitir que Dios las sanara, comencé a refugiarme en el pecado sexual a través de la fornicación, fantasías, recuerdos y masturbación. Sabía que estaba pecando, había profundo dolor en mi corazón pero luchaba en mis propias fuerzas, recaía una y otra vez, me sentía hipócrita, pues a pesar de mi pecado, Dios me seguía usando como instrumento en la restauración de muchas personas. El pecado sexual produjo muerte en mi relación con Dios y con las personas, distorsionó mi identidad, feminidad, autoestima y apagó mis sueños. Pero el amor y la misericordia de Dios me encontraron una vez más.

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 6;23

Así como a Dorcas, Dios me devolvió la vida, me restauró y resucitó mis sueños. Encontré libertad del pecado sexual cuando mi enfoque cambió, fui creada para reflejar la gloria de Dios, mi santidad no depende más de lo “buena” que aparente ser ante las personas, de mis “buenas obras” o de mi lucha por dejar el pecado sexual, depende de Él, de su infinito amor, misericordia y gracia redentora.

Cada día siento como Dios me atrae con cuerdas de amor, mi parte es acudir a su llamado, deleitarme en su presencia y como reflejo de ese amor inigualable, dar frutos de arrepentimiento genuino y obediencia.

“Pedro mandó que toda la gente saliera del lugar. Luego se arrodilló y oró al Señor. Después de eso, se dio vuelta hacia donde estaba el cuerpo de Tabitá y le ordenó: ¡Tabitá, levántate!” Hechos 9;40

Agradezco a Dios por todas las personas que doblaron rodillas y aún lo siguen haciendo por y junto a mí, que están ahí para escucharme, abrazarme, exhortarme, reír y llorar. Así como a Dorcas, Dios coloca en nuestro camino a personas que nos acompañan en nuestro proceso de libertad,  amigas/os y hermanas/os, que de manera incondicional dan de gracia lo que de gracia han recibido. Te animo a buscar su ayuda, y oro para que Dios coloque personas que puedan apoyarte en tu restauración.

“…enseguida enviaron a dos hombres con este mensaje urgente: «Por favor, venga usted tan pronto como pueda.» De inmediato, Pedro se fue a Jope con ellos. Al llegar, lo llevaron a donde estaba el cuerpo de Tabitá. Muchas viudas se acercaron llorosas a Pedro, y todas le mostraban los vestidos y los mantos que Tabitá les había hecho cuando aún vivía”. Hechos 9;38-39

Si sientes que el pecado sexual te está matando y estás cansada/o de luchar en tus propias fuerzas ¡Ánimo! Así como Pedro le dijo a Dorcas: ¡Levántate! Dios te está llamando a experimentar en Él verdadera libertad y desea devolverte la vida.

Como a Dorcas ¡Dios también puede resucitarte! Es tiempo de dejar de luchar en tus propias fuerzas. Aquí encontrarás la ayuda que necesitas para ser libre del pecado sexual: www.libresencristo.org  Para más información escribe a mortiz@libresencristo.org

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